La devoción de un cristiano a María madre de Jesús, nuestro Dios

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Despreciar, ofender o atentar contra María, madre de Jesús, es una contradicción para todo cristiano que dice amar a Jesús y ser creyente en la Santísima Trinidad.

1. Ningún ser humano ha tenido un encuentro tan íntimo con Dios como lo ha tenido María. Ni Abraham, Moisés, David, Pedro o Pablo han tenido la condescendencia que Dios tuvo con ella al ser escogida y cubierta por el Espíritu Santo para concebir el Dios hecho hombre.

Los planes de Dios no son de la noche a la mañana, todos hemos sido creados con un plan adjunto. María no es la excepción, ella fue creada y se mantuvo perfecta para llevar en su vientre a nuestro Salvador.

Despreciar la pureza virginal de María es despreciar la cuna perfecta que Dios eligió para nacer.

2. Jesús no tuvo discípulo más fiel que su madre. Ella lo vio crecer física y espiritualmente, lo acompañó en sus misiones, se mantuvo firme a los pies de la cruz y fue testigo de su resurrección.

Ningún apóstol podría contarnos mejor la historia de Jesús como María. Un discípulo de esta envergadura sin dudar se mantendría recto, fiel y Santo hasta sus últimos días en la tierra.

Ofender a María es ofender a todos los discípulos que han contado y transmitido la historia de Jesús y también ofende a los que hemos creído en ese mensaje por siglos.

3. María fue y será un canal entres Jesús y los hombres. Tal como en las bodas de Canaa, sin la necesidad de pedirle algo, ella intercede por nosotros y por nuestro bienestar ante Jesús y El no le negará los favores aunque la hora no haya llegado.

El foco de la oración de un cristiano deber ser por sobre todo a Dios, pero el respeto y la devoción a María no debe despreciarse. Si Jesús llevo al ladrón al paraíso, ¿Cuánto más cerca estará su Madre para susurrarle favores hacia nosotros, sus hijos?

Despreciar la intercesión y cariño a María es despreciar el ofrecimiento que nos hizo el mismo Jesús en la cruz: “Hijo, ahí tienes a tu Madre”.

Si bien, el mérito de ser la “Gran colaboradora” del plan de salvación no le da un estatus divino. Si merece el rango más alto dentro de la humanidad a los ojos de un cristiano.

Reconocer que Jesús es Dios conlleva respetar el vientre que le permitió vivenciar como un humano. Sin duda Dios, en su omnipotencia, pudo hacerse hombre en un abrir y cerrar de ojos. Pero El eligió un vientre humano, el vientre de María.

Desvalorar a María es desvalorar a Abraham, Moisés, David, Pedro, Pablo y todos los cristianos que reconocemos que Jesús es Señor y Dios de toda la creación.